05 agosto 2011

La muerte en Londres II

En el este de Londres, bordeando el límite de lo que aún puede considerarse centro urbano, se encuentra el cementerio de Tower Hamlets. Abandonado a la naturaleza, solo los grupos de voluntarios dominicales separan al antiguo camposanto de su conversión en jungla. La tumba más reciente de la que tengo constancia data del 2005, y sospecho que es única. La inmensa mayoría de los muertos encontraron su lugar a mediados del siglo pasado.

A efectos prácticos, el cementerio es un parque. Uno especialmente salvaje y descuidado, un trozo de bosque gótico. Los cientos de lápidas, las estatuas y mausoleos se yerguen entre las matas con naturalidad, hasta el punto que resulta sencillo olvidarse de su origen humano y pretender que son solo rocas entre los árboles, y que bajo ellas no hay más que tierra. El único reducto para la trascendencia lo compone un monumento homenaje a los muertos británicos de las dos grandes guerras. Cada once de noviembre, los nostálgicos acumulan amapolas a los pies de los nombres de los soldados.